Caminaba desesperanzada, con mi resignación a cuestas. Ya todos habían partido y esa ciudad era muy grande para mí, un inmenso desierto de rincones fríos y silenciosos. El avión se alejaba en el horizonte llevándose mis últimos afectos. A mi alrededor, seres que me miran sin verme, risas y llantos que no me pertenecen. Gris Soledad. De repente esos ojos verdes que se enganchan en los míos, siento el calor de tu mirada. No te puedo perder, nos acercamos, sólo se me ocurre preguntarte la hora. Lo supimos... a las cinco de la tarde, se callaron todos los relojes.
Caminaba desesperanzada, con mi resignación a cuestas. Ya todos habían partido y esa ciudad era muy grande para mí, un inmenso desierto de rincones fríos y silenciosos. El avión se alejaba en el horizonte llevándose mis últimos afectos. A mi alrededor, seres que me miran sin verme, risas y llantos que no me pertenecen. Gris Soledad. De repente esos ojos verdes que se enganchan en los míos, siento el calor de tu mirada. No te puedo perder, nos acercamos, sólo se me ocurre preguntarte la hora. Lo supimos... a las cinco de la tarde, se callaron todos los relojes.
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