
Miro mis manos, estas manos que dicen que son las mías, y no puedo reconocerlas. Ellas han sido capaces de albergar tu mundo cuando se desmoronaba, fueron tu cobijo, haciéndote huir del miedo y del dolor de tu realidad, cuando atrapado, sin esperanzas, llegaste pidiendo auxilio y mis delgados dedos se convirtieron en tu casa y en tu paz. Las sigo mirando y no lo entiendo, emitían luz para tus ojos oscurecidos, eran pilares donde te sujetabas y ahora... Las miro de nuevo, están frías, pálidas, sin vida.... vuelve a mí pronto, mis manos se apagan sin las tuyas.
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