NO A LA VIOLENCIA DE GÉNERO
Estamos los dos, solos en la habitación número 25, tercer piso. Estamos solos, las velas nos proporcionan una buena iluminación, amorosa. Al fin pudiste entender lo mucho que te amé, que te amo y que te amaré.
Parece que ya es tarde, pero el tiempo no tiene importancia si estoy junto a ti, ahora no sé pensar en que lloré demasiado tiempo por ti, en que me desangré tantas veces por ti, en que me lastimé tantas veces por ti, porque al fin entendiste que somos el uno para el otro... permíteme limpiarte la sangre que gotea de tu cuello. Aunque no puedas abrazarme, sé que tampoco puedes lastimarme; tus piernas, sé que no las tienes para caminar conmigo bajo la luz de la luna, pero sé que tampoco las tienes para irte corriendo lejos de mi, por eso, decidí quebrártelas. No me importa una dulce conversación que compartir, sé que no puedes, tampoco me puedes oír y sé que no me puedes ver, estás ciega por la sangre que sale de tu cráneo fracturado…
Pero sé que aunque estés muerta, aun así, me puedes amar como yo te amo a ti, porque lo único que importa es que estamos los dos, solos en la habitación numero 25, tercer piso.
(¡Acabemos con esta situación, entre todos podremos conseguirlo!)
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