AmaruUnos trazos, manchas sobre el papel, tenues patas de mosca. Unos ojos reúnen esas letras, las ordenan y nacen las palabras.
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Buenos días![]() Son las cinco y diez de la madrugada, está a punto de pasar el primer autobús; entra una brisa fresca por la ventana del estudio que me araña los hombros. Y suena Gershwin, bajito y dulce: "I want to stay here". Se está acabando el paquete de cigarrillos que abrí esta noche. He visto en la televisión dos películas estupendas ("La mujer del teniente francés" y "Manhattan"), me he tomado dos vasos largos de Brugal con mucho hielo. La vela de jazmín que he encendido se ha consumido hace un rato. De alguna manera (es absurdo, ya lo sé), estoy de guardia. Sosteniendo este extremo del universo para que no caiga sobre ti. Un extremo donde suena la música (muy bajito), donde la madrugada es hermosa y fría, y la luz, suave. Donde el alcohol no hace daño y las sonrisas son dulces. Ya sé que es absurdo, pero pienso que mientras esté aquí, despierta, no se desbaratará el cielo y la tierra seguirá girando bajo las estrellas con una cadencia perfecta. Pienso que, mientras tú duermes, alguien debe vigilar para que las pesadillas no te toquen. Alguien debe tener la luz encendida y quererte. Aunque sea armada tan sólo del tercer vaso de ron con hielo y el enésimo cigarrillo. Cabalgando sobre la música de Wonderful. Aunque sea sin escudo... Vestida únicamente con una camiseta negra a través de la larga noche. Es absurdo, lo sé de sobra. Un clarinete no puede hacer nada frente a una tormenta de negrura y culpa; Gershwin murió hace tiempo y, además, con la música puesta, no oiré siquiera el autobús. Y si no oigo el autobús, puede que no amanezca nunca. Y aun así, aquí estoy, sujetando mi extremo del universo, como si éste fuera, en lugar del caos, un arco geométricamente perfecto que pudieran sostener a pulso mis brazos desnudos. Al mismo tiempo que un cigarrillo y un vaso de ron. Absurdo, realmente. Un arco iris en medio de la lluvia, o unos labios curvados en una sonrisa. El arco de un violín. Un puente y, debajo, un río; o la luna en cuarto creciente y tú dormido en ella. No veo la luna desde aquí y todo está ya (o aún) a oscuras. Ahora suena "The man I love" y es tan dulce el clarinete... Y el piano suena tan ligero como siento yo el corazón mientras estoy aquí, imaginándote a salvo. Qué absurdo. ¿Cómo ponerte a salvo con un violín que preludia en la madrugada? Tan absurdo como sacarte a bailar. Bueno: te imagino dormido. No puedes negarte. Te pregunto sin hablar: «¿Bailas?». Y tú sonríes, y te tomo de la mano, apoyo la otra en tu hombro y giramos, cerca, muy cerca, mientras el clarinete se eleva y amanece. Y el autobús pasa por fin, trayendo el día, frena con estrépito en la esquina, mete la primera y prosigue su ruta calle abajo. Tu barbilla me roza la frente cuando la música se amansa y el piano retoma la melodía, acompañado de los violines. Y bailamos, despacio, sin prisas. Tú, soñando, y yo, despierta. Escucha... No pienses: sólo escucha. Dentro de un rato despertarás y no recordarás nada. Se apagarán las luces bajo el empuje de la luz del sol (el amanecer es ya una certeza, una franja ancha donde antes había una línea de claridad). Y entonces yo me iré a dormir. Comenzará un nuevo día lleno de ruidos, el mundo volverá a ser un caos sostenido sobre pilares lógicos y razonables en lugar de un arco sujetado, en este extremo, por mi sonrisa. Huele bien la mañana recién hecha. Y la brisa es dulce sobre mis hombros. Es hermoso ver cómo es el mundo instantes antes de que sea real, con un trozo de hielo que se derrite con sabor a ron en la boca, mientras oigo que el reloj del vecino da las seis. Pasa el segundo autobús, y se acaba el disco. La calle se despereza. Pasa un coche. Alguien sube una persiana. Ahora suena una moto. Y yo apuro el baile hasta que suene tu despertador y te despiertes y te olvides de que bailamos esta canción, este amanecer imposible. Estoy llorando, mi amor, seguramente de ron. Pronto se acabará mi turno de guardia y el día entero se pondrá en pie. Se ha disparado una alarma en la calle y su sonido se superpone a las últimas notas de la canción. Voy a lavarme los dientes y a quitarme la camiseta. Y a ponerme el alma porque ya llega el día. 02/04/2006 11:44 Autor: kalbafayer. Comentarios » Ir a formulario |
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